Estudio caligráfico de las firmas de Don Juan Carlos

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A raíz de los documentos publicados recientemente en prensa procedentes de las investigaciones que están realizando tanto la Fiscalía suiza como la del Tribunal Supremo aquí en España, en los que aparecen firmas presuntamente atribuidas a la persona del rey emérito, realizamos un pequeño estudio caligráfico sobre cómo abordar su identificación.


De antemano queremos aclarar que este estudio no pretende atribuir ni negar las firmas, sino incidir sobre ciertas características que se aprecian en el conjunto y sobre cómo se podría abordar un estudio de este tipo. Es decir, no pretendemos concluir nada acerca de su autenticidad o falsedad, asunto que corresponderá al peritaje pertinente que se realice, llegado el caso, para comprobar la veracidad tanto de los documentos como de las firmas que aparecen en ellos.


Las firmas que aparecen en los documentos

Para realizar el estudio hemos recopilado los siguientes documentos publicados por El Confidencial y por El Español, que hemos ordenado cronológicamente:


Aquí podemos ver las firmas correspondientes al rey emérito de forma aislada que, por la fecha que consta en cada documento, fueron supuestamente estampadas en el intervalo de años que va de 2010 a 2012:

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Imagen que muestra aisladamente las firmas supuestamente correspondientes a D. Juan Carlos que aparecen en los documentos publicados.

Para dictaminar sobre la autenticidad de estas firmas sería necesario compararlas con firmas coetáneas estampadas en el mismo periodo de tiempo, cosa en el caso del Rey relativamente fácil, pues existe la posibilidad de obtener firmas auténticas de todos los periodos de su reinado para utilizarlas como base de cotejo o contraste.

Si nos fijamos, las firmas parecen presentar cierto deterioro gráfico, que puede ser fruto de la edad avanzada y/o por cualquier motivo de salud. El paso del tiempo y los achaques en la salud suelen producir cambios en la escritura de la persona. En el caso de estas firmas se observa una cierta degeneración del trazado, que es perfectamente visible en el pulso de la rúbrica. Se percibe cómo la persona que estampa esas firmas conserva una mejor motricidad en los movimientos cortos, como son los de las letras del texto de firma, que en los movimientos de mayor amplitud de las rúbricas, que presentan dificultades en el trazo nítido de la onda gráfica que se manifiestan en forma de temblores y torsiones.


Cómo es la firma real de Don Juan Carlos

No obstante, si hacemos una pequeña búsqueda para analizar cómo ha sido la evolución de la firma de D. Juan Carlos a lo largo de su vida, podemos darnos cuenta de que el trazado de la rúbrica siempre ha sido lento, realizado con poca velocidad, y contenido, como subrayando concienzudamente una línea de un texto aún no escrito.

Fijémonos en este histórico de firmas recopiladas que abarca un abanico amplio de años:

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Distintos documentos firmados por don Juan Carlos entre 1953, cuando todavía era Príncipe de Asturias, hasta su firma en la abdicación en favor de su hijo en 2014.

Si vemos aisladamente las firmas ordenadas cronológicamente y las contrastamos con las de los documentos publicados por los periódicos, observamos que se dan dos tipos de firma: la firma institucional como rey, que para un perito equivaldría a una firma cordial, que es aquella que se compone sólo del nombre; y la firma de carácter privado, que es su firma completa, compuesta por nombre y apellido y que es el tipo de firma que aparece en los documentos. La rúbrica es la misma en las dos y ambas comparten el añadido de la ‘R’ mayúscula al final, que utiliza a partir del momento en el que ostenta el cargo de rey.

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Imagen que muestra las firmas aisladas estampadas entre 1953 y 2014.

En todas estas firmas podemos apreciar cómo la rúbrica de apoyo que se fusiona con la inicial del nombre (en pericia este tipo de rúbrica solemos describirla como un subrayado inicial a modo de pautatriz sobre el que posteriormente se desarrolla el resto del texto de firma) es un trazado lento y comedido -incluso desde la primera de las firmas en la que el actual rey emérito contaba tan solo 15 años, de rasgo final inhibido o contenido donde ocasionalmente se percibe una maza en el escape.

Como curiosidad podemos apuntar que el tipo de rúbrica de la firma del Rey Juan Carlos es parecida a la que realizaba su padre don Juan De Borbón: de trazado análogo, también se trata de una rúbrica de apoyo que se inicia con la mayúscula del nombre y se finaliza con el subrayado previo a la escritura del nombre. Y llama la atención observar también cómo se dan parecidos en la escritura de minúsculas, sobre todo en los escapes descendentes de las letras de final de palabra, con respecto a la firma de su padre.


Comparando firmas

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MAYO 1953 (Firma en el Libro de Oro de la Basílica de la Virgen de los Desamparados en Valencia, cuando el entonces Príncipe de Asturias tenía 15 años)
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F5 – 10 MAR 2011 (reglamento Fundación Lucum) pág 3

Vemos cómo en la primera firma, estampada en tinta verde, el rey emérito, todavía príncipe, firma con su nombre completo y perfectamente legible, legibilidad en el texto de firma que se va perdiendo con el transcurso de los años.

Si enfrentamos esa firma con alguna de las que aparecen en los documentos, podríamos deducir que la coma o apóstrofe que aparece delante de la ‘R’ final en los documentos correspondería al acento del apellido ‘Borbón’. También observando esa firma de juventud podemos deducir el origen de la preposición ‘de’, que en las supuestas firmas toma la forma casi de una ‘a’.

Volviendo a los temblores y torsiones de las firmas en los documentos investigados: ¿convendría en este caso realizar una prueba de escritura actual al rey emérito para realizar el cotejo de esas firmas? La respuesta es que no. Se podría realizar para tener una escritura indubitada complementaria, que nunca está de más, pero ese cuerpo de escritura no debería de ser utilizado como base de contraste principal, por la sencilla razón de que al haber transcurrido casi diez años desde la fecha de esos documentos, lo más probable es que la escritura de D. Juan Carlos haya degenerado todavía más, viendo aumentadas las dificultades en el trazo y contribuiría más a complicar el cotejo en vez de a aclararlo.

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Firma aislada ENERO 2010 (libro de visitas de Antena 3).

Si comparamos firmas coetáneas (lo ideal sería comparar las firmas de los documentos con firmas coetáneas y del mismo tipo, es decir, que incluyeran también el apellido), en nuestro caso la del documento supuestamente firmado en 2010 y la firma de la dedicatoria en el libro de visitas de Antena 3 también de ese año, podríamos fijarnos en:

  • Si en la longitud de las crestas y de los extremos superiores de las mayúsculas del texto de firma, se producen los mismos patrones en cuanto a la altura.
  • Si se da la presencia de arpones en los puntos de ataque, lo que podría constituir un gesto tipo propio de su escritura. Estos arpones se observan en los ataques de trazado: en el comienzo del trazo alargado por la zona superior de la ‘u’ y en el inicio de la ‘C’ mayúscula que realiza como si fuera una ‘l’ monolineal.
  • También será una característica a observar la posición del acento del apellido (Borbón), su forma, su situación y alejamiento respecto a éste.
  • Cómo es el distanciamiento de la línea base de la firma respecto a la línea de la rúbrica.
  • Cómo se cruzan los trazados descendentes de final de palabra con el subrayado de la rúbrica.

Y muchas otras características que, en definitiva, hacen que la firma del Rey tenga una gran riqueza en referencias gráficas que le proporcionan una individualidad muy concreta y que harían perfectamente viable el cotejo de las firmas que aparecen en los documentos investigados.

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Firma aislada que aparece en el recibo con fecha del 3 de FEBRERO de 2010.

Otro de los aspectos que llama la atención al inspeccionar el conjunto de firmas en los documentos publicados es la ubicación de las mismas, que atiende al principio o Ley de la evitación gráfica. La persona que supuestamente estampa esas firmas parece cumplirla a rajatabla: en ningún momento roza o pisa cualquier otro texto manuscrito o impreso. Tanto es así que en las firmas que estampa en los márgenes izquierdos en los documentos de más de una página, llega a estrechar el inflado de la ‘J’ inicial con tal de no invadir el texto impreso y cuidando también de no cruzarse con las otras firmas del documento que se encuentran adyacentes o muy próximas.


Lo cierto es que en el caso de necesitarlo, trantándose de la persona del rey, al poder contar con un conjunto extenso de firmas indubitadas coetáneas con la época, la comprobación fiable sobre la veracidad o falsedad de las firmas que obran en esos documentos es más que factible.


Aunque habitualmente no solemos contar con tantas firmas indubitadas como las que se podría disponer en un peritaje de este tipo, en DUCTUS Peritos Calígrafos tenemos experiencia en verificación de firmas en conjuntos de documentación en contrataciones de productos bancarios, pólizas de crédito, seguros y otros documentos, verificaciones que realizamos para entidades bancarias, corredurías de seguros y compañías aseguradoras.